— El poder de una sonrisa —
El problema es
que no conoces la fuerza de una sonrisa. La gente, o más bien las mujeres, no le gusta
la gravedad eterna, la tristeza o la distracción. No hay nada peor
que una cara sin expresión, sin emociones. Si no tienes
expresión, ninguna mujer te prestará atención. ¿Lo quieres? Claro que no. Si lo
hubieras querido, no habrías comprado este prontuario, ¿verdad?
Ya conoces tu
tipo de temperamento – si no, vuelve a la página 12 y determina tus características fuertes de
nuevo. Esto es muy importante porque no todas las
personalidades pueden usar el mismo tipo de sonrisa. Ya hemos hablado sobre un modo de
vestirse y también sobre los colores y materiales. Hemos fijado que no todos
los colores son adecuados para cada hombre. Lo mismo sucede
con una sonrisa.
Vamos a usar una vez más el ejemplo
de Paco, nuestro amigo tímido y flemático, a quien
conocemos de capítulos anteriores. Imaginate que este chico patoso
intenta invitar a una compañera del trabajo a
la cita. Lo hace con una sonrisa muy amplia, tan grande que se
puede ver todos sus dientes, incluyendo los empastes. ¿Lo ves? Por supuesto que
no, porque para Paco este comportamiento no es normal. Para Juan, nuestro otro
amigo, este tipo de sonrisa sería algo típico. Juan es arribista, está lleno de energía, le encanta
hablar y estar con la gente. No extraño que su rostro está pleno de expresión.
Pero volvamos a ti.
Recuerda que todo lo que haces no
puede parecer artificial, no puede ser forzado. Una sonrisa natural
caracterizan dos cosas. Vamos a mirarlos de cerca.
En primer lugar,
no debilites los músculos faciales. No eres Jim
Carrey, entonces tu mímica no
cambia en menos que canta un gallo. Sonríe ligeramente, trabaja con las
comisuras de los labios, no con todos tus labios. La sonrisa natural es sutil,
muy fluida. Y, sobre todo, debe caracterizarse por los hoyuelos bien marcados.
Sí, estos son los agujeros excepcionales, más visibles en los pliegues
nasolabiales. Aparecen solo cuando sonríes de forma natural. Alternativamente,
cuando sabes fingir.
La segunda cosa que hay que discutir son
tus ojos. O más bien, su importancia en cooperación con los labios. Párate
frente al espejo y entrecierra los ojos. ¿Qué ves? Trata de notar estas arrugas ligeras que se
extienden desde las esquinas exteriores. Ahora que los ves, intenta de hacerse
amigos con ellos porque son las claves del éxito cuando quieres comenzar a
sonreír naturalmente.
Las conclusiones, por tanto, surgen
por sí mismas. En cuanto no vienen, te ayudaremos un poco. Tienes que levantar
—de manera sincera y espontánea— las comisuras de la boca y al mismo tiempo
entrecerrar los ojos. No te preocupes, al principio te verás como un payaso. Te
acostumbrarás con el tiempo. Harás muchos ejercicios, probablemente disuadirás
a algunas mujeres hermosas, pero recuerda que la práctica hace al maestro.
En
el siguiente capítulo te mostraremos cuánto puedes hacer con tus manos. Y si
después de leer esta frase en tu cabeza aparecieron algunos pensamientos obscenos,
perdonanos pero estarás muy desilusionado.
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